Cadillac Ranch es un lamento, una última súplica, un último intento de evitar un destino ineludible: “Cuando muera, pon mi cuerpo en el asiento trasero, y llévame al cementerio de coches en mi cadillac”. Pero no es un cadillac cualquiera, sino uno largo, oscuro, brillante y negro, como el coche de una funeraria.
James Dean en su Mercury del 49, Junior Johnson atravesando los bosques de Carolina, incluso Burt Reynolds en su Trans-Am…Por mucho que hayas brillado en vida, por muy alto que hayas llegado, al final todos se encontrarán en el Rancho de los Cadillacs. Con suerte, algunos de ellos serán expuestos a modo de atracción de feria, en una especie de macabro y divertido museo al aire libre, donde todos los gloriosos momentos perderán su sentido con el paso de los días, hasta que el óxido, el viento, la lluvia y el barro los conviertan en un amasijo de chatarra sin valor…
El protagonista de la canción, conocedor y consciente de su destino, tratará de escapar de esa realidad, en una última huida, una última oportunidad junto a una chica solitaria en la noche de Wisconsin…
(Enric Salas)
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