Springsteen está vivo

Por Xavi el . Archivado en Articulos, Noticias

bruce springsteen - wrecking ball

Crítica de “Wrecking Ball” por Agustin de Grado Medrano/The Stone Pony.

Con un pedestal en la historia del rock and roll que ya nadie podrá arrebatarle, 63 años a las espaldas y una cuenta corriente de la que podrán nutrirse varias generaciones, no deja de sorprender la fortaleza de Springsteen para mantener viva su capacidad creativa.
Podría disfrutar del rédito y recrearse en la fórmula del éxito. Le bastaría para seguir llenando recintos, noche tras noche, con su legendaria exhibición de derroche físico e interpretación apasionada. Pero no sería Springsteen. Sería un remedo. Una farsa grotesca. Y él es todo lo contrario: una voz honesta. Con la que puedes o no estar de acuerdo en el camino que elige en cada momento, pero ala que reconoces hacerlo sin atender a otros intereses (mercado, listas de éxito, fans…) que no sean los de las convicciones íntimas del propio artista. A la monumental trilogía del rock que fue “Born to Run, “Darkness On the Edge Of Town” y “The River” le sucedió el desnudo “Nebraska” y cuando Springsteen alcanzó la cima del éxito mundial con “Born in the USA”,huyó de ella con el intimista “Tunnel of Love”. Luego llegaron discos sin la E Street Band, experiencias folk, guiños al pop…
Nos entrega ahora “Wrecking Ball”. Otra excelente demostración de su capacidad para reinventarse sin ceder a la nostalgia.Porque quizá esta sea la clave de su dilatada carrera sin una merma de credibilidad. No lo tenía fácil: primer disco sin Clarence Clemons, icono de la comunidad creada por Springsteen y parte esencial de su sonido. El resultado es espléndido. Y original. Once temas repletos de vigor y energía en los que funde todos los estilos de la música popular americana en algo totalmente novedoso y excitante. “Wrecking Ball” es heredero del Springsteen seducido por el folk en “We Shall Overcome” de la Seeger Sesions, perono se trata de una entrega continuista. Springsteen ha creado algo nuevo (seguro que muchos fans se verán desconcertados con tantos samples, loops de batería e incluso el guiño al hip hop en “Rocky Ground”) con ingredientes de la máxima calidad. Los que añoren el sonido musculoso de la E Street Band se sentirán reconfortados precisamente en los dos himnos patrióticos de un álbum cargado de reproches por la promesas rotas: “We Take Care of Our Own” (“Cuidamos de los nuestros allá donde ondee esta bandera”) y “Land of Hope and Dreams” (“Sube a este tren donde los sueños no se verán frustrados, sube a este tren donde la fe será recompensada, sube a este tren con sus ruedas de acero cantando como campanas de libertad”). También se escucha a una E Street Band renovada en la fabulosa “Wrecking Ball” (“Cuando tus mejores esperanzas y anhelos son esparcidos al viento y los momentos duros vienen…”), anuncio de lo que será la banda sin The Big Man, donde la épica del saxo, e incluso delas guitarras, puede ser sustituida por un ritmo frenético y una trompeta valiente.

En este viaje en busca de un nuevo sonido, Springsteen ha vuelto a buscar en las raíces para actualizar el legado de Woody Guthrie y completar un puñado de historias para tiempos difíciles. Canciones de lucha en la vida cotidiana, como siempre. De fe y esperanza en los valores compartidos, como siempre también. Pero salvo “This Depression”, todas musicalmente animosas, cuando no bailables y con frecuentes palmas acompañando sus estribillos.
“Easy Money” y el lamento de “Death To My Hometown” se cantarían a coro en cualquier taberna irlandesa mientras las pintas corren de mesa en mesa. “Shackled and Drawn” es enérgico gospel rural. “Jack Of All Trades” combina la ira de su letra con un vals emotivo al que pone punto final un sorprendente e intenso solo de guitarra, el mejor de Bruce en años. “You’ve Got It” nos muestra al Springsteen más reconocible en un corte sensual que tendría hueco en sus discos más rockeros.En “We Are Alive” galopa el country sereno de “My Oklahoma Home” y “Tomorrow Never Knows” con aires de frontera en trompetas que evocan al “Ring of Fire” de Johnny Cash.

Sí, Springsteen está vivo. Hace ya más de tres décadas que creó sus obras monumentales. Pero la vida avanza, algunos de los suyos han quedado en el camino, y el cantautor de New Jersey no está dispuesto a detenerse en la complacencia. Estaría traicionando lo que es, un compositor de canciones: “De eso trata mi trabajo… gente que tropieza con sus ilusiones, las deja de lado e intenta avanzar un poco más y encontrar algo real. Y después chocas con tus ilusiones más profundas, intentas evadirlas y mientras pasas por todo esto intentas no perderte en la distorsión de la fama, el éxito y todo lo que conlleva tu trabajo. Es un largo viaje”. Que dure mucho tiempo.

Una tarde en París

Por Xavi el . Archivado en Articulos, Noticias


Artículo de Juan Peces publicado en “El País” en el que presenta detalles del nuevo disco:

“Una wrecking ball es una bola de las que se emplean, aprovechando la inercia, en la demolición de edificios decadentes, estructuras arcaicas y tótems innecesarios. No parece demasiado casual, dados los tiempos y las costumbres que vivimos, que Bruce Springsteen haya adoptado esa expresión anglosajona para dar nombre a su nuevo álbum —preludio de su gira mundial con la E Street Band—, que ayer fue desvelado a la prensa en París.

El evento vino a ser un aperitivo sonoro, una audición controlada del disco que Columbia Records pondrá a la venta el 6 de marzo y del que ya pudimos degustar We Take Care of Our Own. Sobre el escenario del Teatro Marigny, un Springsteen en plena forma —generoso en las confidencias y propenso a la chanza— en diálogo con 160 periodistas, que luego se transformarían en turbamulta con sed de más declaraciones y memorabilia fotográfica. Animando —casi acaparando— el encuentro, el actor y presentador Antoine de Caunes, figura señera del periodismo musical francés.

Al abordar la génesis del álbum, Springsteen habla de la ira, “del desastre financiero que se llevó las casas, los trabajos y la autonomía de las familias” en 2008-2009 en EE UU, y cómo “nadie asumió responsabilidades”, Eso provocó, dice, “una falla que partió el sistema americano”. Por eso, afirma, “en el rock and roll, nunca te equivocas cuando estás cabreado”.

En el tema We Take Care of Our Own, (en inglés, “Nos cuidamos a nosotros mismos”), lo que podría parecer una afirmación es en realidad un interrogante-toque de atención. “Eso es lo que debería haber pasado, pero no lo que sucedió”, afirma el rockero. “Siempre estoy midiendo la distancia entre el sueño americano y la realidad. Esa canción formula la pregunta, a la que el resto del disco intenta dar respuesta”.

Ciertamente, la sensación que retiene el oyente del álbum es la de estar escuchando una explosión rockera con abundantes referencias políticas, notas de espiritualidad y llamadas a la demolición constructiva. El Jefe ha puesto mucho énfasis en la potencia —ritmos robustos, cuerdas duras y letras comprometidas—, como si quisiera elevar los corazones y llamar a la acción en tiempos de penuria.

Obama ha sido más amigo de las grandes corporaciones de lo que me habría gustado
Así, en Death to my Hometown se habla de la muerte en una ciudad simbólica —la polis ubicua— donde no hicieron falta “ni bombas ni cañonazos ni dictadores”, porque ya hicieron el trabajo sucio “los buitres” que “destrozaron nuestras familias” y los “ladrones avariciosos”.

En Jack of All Trades se menciona, en la misma línea, al “banquero que engorda” y al trabajador menguante, para entonar a continuación la visión de que “hay un nuevo mundo en marcha” y confesar que “si tuviera una pistola, dispararía a los bastardos”. Con ese contexto, es inevitable preguntar a Bruce Springsteen su valoración sobre la evolución de políticos como Barack Obama, que incluyó su tema We Take Care of Our Own en la lista de reproducción oficial de su campaña electoral.

El artista no tiene reparos en decir que el presidente de EE UU “ha sido más amigo de las grandes corporaciones de lo que me habría gustado” y que le hubiera gustado ver “más activismo en la creación de empleo” y en la gestión del drama de las ejecuciones de préstamos hipotecarios y la consiguiente ola de desahucios por impago.

Ese vigor y esas letras no son obstáculo para la elección de una armonización buenrrollista, en la que predominan las tonalidades mayores, la instrumentación folk, los cánticos del Victorious Gospel Choir (que, por momentos, anima a ponerse de pie a la congregación), e incluso un tema — You’ve Got It— con una llamada inequívoca a la sensualidad.

De hecho, Springsteen asegura que en Land of Hope and Dreams necesitó “algo muy espiritual”, una manera de transmitir “ira”… constructiva. “Quizá se debe a que crecí en un entorno católico”, reflexiona. Wrecking Ball también tiene un significado especial para Springsteen y la E Street Band, ya que se trata del primer álbum publicado tras el fallecimiento del saxofonista Clarence Clemons, cuya maestría adorna los temas Wrecking Ball y Land of Hope and Dreams.

El álbum cuenta también con la colaboración de Tom Morello, guitarrista de Rage Against The Machine, en los temas Jack of All Trades y This Depression. Matt Chamberlain, exbatería de Pearl Jam, interviene en You’ve Got It, mientras que la voz de Patti Scialfa, miembro de la banda y esposa de Springsteen, ofrece un dulce contrapunto a las voces de gospel.

La primera ciudad europea en poder escuchar en directo el álbum será Sevilla (13 de mayo), a la que seguirán Las Palmas, Barcelona, San Sebastián y Madrid. La llamada musical a la acción que encarna Wrecking Ball encaja con el escenario elegido para la presentación el álbum: el Teatro Marigny, situado a pocos metros de dos avenidas que honran, respectivamente, al expresidente norteamericano Franklin D. Roosevelt, padre del New Deal, y al general Eisenhower, el mismo que alertó, hace medio siglo, del complejo industrial-militar y el peligro del “avance desastroso del poder en manos equivocadas”.

Buen contexto para un disco que pone su granito de arena para armar la banda sonora del inconformismo con temas que agitan el cuerpo, levantan el alma y activan al ciudadano.

Fuente: El País

30 aniversario de “Nebraska”

Por Xavi el . Archivado en Articulos, Noticias

Hoy hace 30 años que Bruce Springsteen grabo en su casa de Colts Neck en New Jersey los temas que tenían que ser demoS para las sesiones de grabación con la e street band en estudio. Finalmente estas demos fueron consideradas como algo único y fueron publicadas el 20 de septiembre bajo el titulo nebraska

De hecho, las sesiones acústicas del “Nebraska” nunca fueron concebidas como parte de un próximo disco. La intención de Bruce fue grabar esos temas de un modo profesional para mostrarlas a la E Street Band en las sesiones de grabación que tenían que empezar en Febrero de 1982 en New York. Un nuevo método de trabajo en el que Bruce quería avanzar en el tiempo y no encerrarse en un estudio y volver a las interminables sesiones de grabación.

En Diciembre de 1981, Bruce le pidió a su técnico de guitarra, Mike Batland que comprase una grabadora profesional y se la trajese a su casa de  New Jersey y acondicionaron una habituación para que el sonido fuera decente. Batland se presentó con una Teac Tascam (Series 144) grabadora de cassette de 4 pistas y dos micrófonos Shure SM57. Las grabaciones fueron mezcladas con un viejo Gibson Echoplex y grabadas en una grabadora Panasonic.

Bruce grabó temas durante los primeros días de enero del 82 pero la mayoría de canciones fueron grabadas durante el día y la noche del 3 de Enero. En total fueron 15 temas y algunos fueron grabados en dos o tres temas con diferentes arreglos. Posteriormente, en Marzo, Springsteen grabó dos temas más, “The Big Payback” y “My Father’s House” con el mismo equipo de grabación.

A finales de Marzo o princípios de Abril, Bruce se encerró con la E Street Band en un estudio de grabación. Les mostró los temas que había grabado y los reinterpretaron con banda. Según Toby Scott, en Abril del 82 Bruce le dio el cassette original y le pidió si se podía mejorar el sonido ya que creía que estos temas eran mejores, tenían algo especial que no habían logrado crear en un estudio con toda su banda.

Scott ha comentado en un reciente artículo que llevaron la cinta a cinco sitios para masterizarla pero que no podían pasarla al acetato para crear el master. Finalmente Dennis King de Atlantic Studios de Nueva York lo logró con la colaboración de Bob Ludwig y Steve Marcussen creando un master con un sonido más bajo.

El hecho de que Batlan no era un experto en grabaciones y la velocidad de las pistas no era la correcta y el volumen de grabación tampoco, y que los cabezales de la Panasonic estaban sucios crearon este ambiente irrepetible. Las primeras canciones tienen alguna distorsión debido a que Batlan estaba probando los ajustes y prácticamente su técnica se reducía a que los niveles no llegaran al color “rojo”… También es curioso constatar según Scott de que la grabadora Panasonic no era la mejor opción y más al saber de que se le había caído a Bruce de su canoa y estaba sucia de barro y agua salada…

Respecto al título, barajaron tres posibilidades:  “Open All Night”, “January 3, 1982” y “Nebraska”.

“Nebraska” fue editado con solo 10 de los 17 temas grabados y “The Big Payback” fue incluido en la cara “B” del single en Europa. Los otros temas fueron grabados de nuevo en las Sesiones del “Born In The USA”. De las 17 canciones, entre las publicadas oficialmente o las que circulan en “bootlegs”, la única que ha quedado en secreto es la versión demo de “Johnny Bye Bye”.

THE NEBRASKA DEMOS

LP NEBRASKA
Nebraska
Atlantic City
Mansion On The Hill
Johnny 99
Highway Patrolman
State Trooper
Used Cars
Open All Night
My Father’s House
Reason To Believe
NEBRASKA DEMOS
The Big Payback
Born In The USA
Downbound Train
Child Bride
Pink Cadillac
Losin’ Kind
Johnny Bye Bye
Nebraska fue publicado el 20 de Septiembre de 1982.

30 Aniversario de Barcelona 1981

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Han pasado ya 30 años del mítico concierto de Bruce Springsteen y la E Street Band en el Palau d’Esports de Barcelona. Recordando ese momento podéis leer el genuino artículo de Ignacio Julià en la Revista Vibraciones de ese memorable show.

Inolvidable, por Ignacio Julià (Vibraciones)
Han pasado ya más de veinticuatro horas y todavía me cuesta creerlo. Bruce Springsteen ha estado aquí, en Barcelona, y se ha llevado de calle los corazones hambrientos de todos los rockeros españoles. Su único show ha sido recibido por igual en todos los medios de comunicación y comprendido por un público totalmente compenetrado con la maravilla de New Jersey. Todos nos quedamos secos ante las tres horas de vitalidad total y absoluta que nos ofreció la E Street Band. La gente salió del Palacio de Deportes exhausta, terriblemente cansada y satisfecha. Y personalmente, bueno, todavía me duelen todos los huesos y tengo la espalda lo que se dice hecha polvo. Pero esto no es un obstáculo para que me acuerde, minuto a minuto, de uno de los mejores conciertos que he presenciado en mi vida. Todo empezó a eso de las ocho y media. Faltaba una hora para el inicio del recital y los músicos estaban realizando la prueba de sonido. Fue a esa hora cuando entramos en el recinto, por la puerta de atrás y dispuestos a todo. En el escenario los chicos de la banda de la calle E ponían a punto su instrumental. Al fondo de la sala, en la mesa de mezclas, Bruce manejaba los controles. Instrumento por instrumento, todo fue precisamente ecualizado por la estrella que quiere ser hasta su propio técnico de sonido. Cuando todo estuvo a punto, la banda se introdujo lentamente en el ritmo de “Hungry Heart” y pude contemplar, alucinado, algo que ya sabía pero me costaba creer. Bruce se paseaba por toda la sala comprobando el sonido desde la primera fila hasta la última grada. Quería estar seguro de que hasta el último espectador iba a escucharle a la perfección. En un mundo tan inhumano como el del rock, un acto así se convierte en la más grande prueba de valor y humanidad, en el reflejo de un alma dispuesta a comunicarse y darse por completo a todos y cada uno de los componentes de su audiencia.

A la hora en punto, casi siete mil “nacidos para correr” rellenaban el local. Cuando las luces se apagaron, un inmenso clamor recibió a Bruce y su banda. La tenue iluminación marcó el inicio de “Factory”. Bruce, acompañado únicamente por armónica y guitarra, hacía resonar su voz por todo el pabellón. El público admitió con silencio un primer tema lento y poético hasta que la banda empalmó directamente con “Prove It All Night” y el escenario explosionó en una descarga de luz y eletricidad. Absolutamente todo el mundo está brincando y bailando al ritmo de la banda de Asbury Park. Sin pausas, Bruce aúlla “one, two, three” y empalma con “Out In The Streets”. Después vendrán, inteligentemente estructurados en secuencias, bloques de canciones hipereléctricas combinados con otros de baladas desgarradoramente románticas. “The Ties That Bind”, “Badlands”, “Two Hearts”… “Independece Day”, “The River”, “Darkness On The Edge Of Town”… Todo durante la hora y media que duró la primera parte del recital. Intermedio.

Tras treinta minutos de descanso, un conocido redoble de batería nos introduce en los ritmos casi vaqueros de “Cadillac Ranch” y el público cabalga convirtiendo el recital en casi un rodeo. Después vendrán “Sherry Darling” y “Hungry Heart”, el recinto se ha convertido en una fiesta total. Y otra vez luz tenue para “Point Blank” y “Racing In The Streets”, seguidas por varios temas de “Born To Run”, entre éstos versiones increíblemente intensas de “Thunder Road” y “Backstreets”. Y un par de bises con el medley de “Devil With The Blue Dress” y un final apoteósico a base del “Rockin’ All Over The World” de John Fogerty. Tres horas de pasión total, más de treinta canciones propias y prestadas: “Who’ll Stop The Rain” de los Creedence y “This Land Is Your Land” de Woody Guthrie, en plan casi apostolar. En definitiva, un espectáculo inolvidable y tan variado y real como la vida misma. Hubo tiempo para bailar, darse marcha y también para reflexionar sobre muchos puntos importantes que son y serán básicos para todos los que tenemos menos de treinta años y queremos salir hacia delante sea como sea. Afortunadamente, Bruce Springsteen plantea en su show una pregunta que tarde o temprano todos deberemos afrontar: ¿Quién parará la lluvia?

Aunque resulte obvio, debo decir que la banda de la calle E es una formación impecable, sin fisuras y con una calidad humana y musical increíbles. Max Weinberg a la batería y Garry Tallent al bajo, Roy Bittan y Danny Federici en los teclados, Steve Van Zandt y Clarence Clemons a la guitarra y el saxo, estuvieron durante las tres horas en el límite de lo increíble. En cuanto a Bruce, bueno, pienso que actualmente él es la única superestrella. Vive a tope su música y desgarra sus vísceras en cada canción, en cada aullido estremecedor, en cada solo de guitarra, porque además es un guitarrista feroz y genial. Tan sólo aclarar que Bruce vive a diario un papel que está muy claro. No quiere ser el héroe de nadie. Sus mensajes puede reducirse a una sola frase que se repite metafóricamente en cada disco, en cada concierto: “Be Your Own Hero”. Sé tu propio héroe. Sobran las explicaciones.

Publicado en Vibraciones 80 (Mayo 1981) – Foto: Francesc Fàbregas

 

Drive All Night (en el día de su cumpleaños)

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brucePor Luisen López Bascuas (Hardtow).
Drive All Night es una canción tan hermosa como terrible, desoladora. Habla de lo que sucede cuando se pierde aquello que da sentido y dirección a una vida. Por eso, aunque en ningún momento de la canción se diga explícitamente, muchos de nosotros nos imaginamos al protagonista conduciendo solo, por la noche, quizá lloviendo, atravesando carreteras secundarias, escuchando el monótono latir del limpiaparabrisas arañando el cristal del coche y atentos a cómo va desgarrándole el pecho el latir monocorde de su dolor. Y, sobre todo, lo imaginamos sin propósito ni destino y, justamente por eso, abocado al destino fatal al que han de resignarse aquéllos a los que se les ha arrebatado la dirección y el sentido, abocado a la locura.

Así lo reconoce nuestro antihéroe en los cuatro primeros versos de la canción: cuando te perdí también perdí mis propias entrañas (mi coraje) y desde entonces imploro a Dios que me conceda algo que tema perder, necesito una palabra, un sentido. Porque el sentido está enmarañado entre lo que nos importa y, al menos los hombres (no sabemos los dioses), siempre temen perder aquello que les importa. Y como el sentido es lo que nos libera, sin él somos prisioneros perpetuos, seres arrojados al calor asfixiante de una noche que hace que nos estremezcamos desde la cabeza hasta los pies. Todo este “razonamiento” desgarrado y angustiado desemboca en una conclusión trágica por imposible: lo único que quiero es abrazarte fuerte.

Sólo en este contexto puede entenderse la fuerza poética radical que adquieren los zapatos de la canción. Él volvería a conducir toda la noche otra vez sólo para comprarle unos zapatos. Y esta frase conviene entenderla de dos modos distintos. Quizá signifique, según una primera interpretación, que él está dispuesto a hacer aún la cosa más absurda (que ella le pida) sólo para saborear sus tiernos encantos; quizá los zapatos resultan el símbolo de lo bello para los habitantes de unos parajes cultural y sensualmente depauperados con lo cual el mensaje transciende lo absurdo y se instala en una realidad social empobrecida; quizá cualquier otra cosa pero, según esta primera lectura, siempre es él el que resulta hacer algo que le hace bien a ella (llevarle los zapatos que desea).

Sin embargo, yo no creo que esta sea la única posible lectura; existe otra, más punzante y vertiginosa que rescata una palabra olvidada en la interpretación anterior: la palabra again. El protagonista dice que conduciría otra vez toda la noche para llevarle unos zapatos. Esto nos hace pensar que él ya ha conducido toda la noche en otras ocasiones como está haciendo ésta en la que nos canta la canción, noches enteras frente a un volante que no le conduce a sitio alguno porque no tiene ningún sitio donde ir. Bajo esta interpretación los zapatos aportan el sentido y la dirección. Ahora es ella la que hace algo por él, hace justo lo que él necesita, proporcionarle un destino, ahora sabe que conduce para comprarle unos zapatos, sabe que eso significa que los tiernos encantos de ella son suyos. Por tanto, la causalidad se invierte, según la primera interpretación la causa de que saboree sus encantos y duerma con ella en sus brazos es el hecho de comprar los zapatos; según la segunda interpretación la causa de que ella le pida comprar unos zapatos es que ya está dispuesta dormir junto a él entre tiernos abrazos. La interpretación agónica de Bruce favorece esta segunda interpretación: el protagonista de la canción clama en la tormenta para que ella le proporcione un sentido, para que ella le pida ese par de zapatos que posibilitará el camino de regreso hacia el calor de sus abrazos. (Después de todo no parece arbitraria la elección de unos zapatos como el talismán de esta canción)

El proceso de agonía en busca de sentido se sustancia aún más en la siguiente estrofa. Nuestro antihéroe ve con claridad que su fin es el más terrible, su fin es el que se reserva a los ángeles caídos. Ya se escucha como los llaman desde lo más oscuro de la noche, son voces de extraños que claman gritos de derrota. Ajeno a su voluntad, el coche avanza irremisible e inmisericorde, entre la lluvia, hacia ese lugar de desamparo y confusión. Bruce aúlla, quiere que esos extraños, que esos ángeles caídos se vayan, que desaparezcan, no quiere participar en sus danzas de muertos, pero el coche sigue avanzando por esa embarrada carretera que desembocará en el centro de su locura. La pérdida de sentido se materializa y nuestro antihéroe entra de lleno en un delirio que se va derramando por toda la canción confundiéndose con la lluvia tenaz que no deja de martillear en los cristales de un coche que se precipita hacia su perdición. La primera gota destilada de delirio hace referencia, justamente, al llanto. Le pide a la chica (que no está) que seque sus ojos. Seguramente es él quien haya empezado a llorar desde el agujero más insondable del desconsuelo; sin embargo, su mente se rebela y trata de no naufragar entre esas aguas de dolor profundo erigiéndose en el fingido salvador de una chica que ya no está. Y el coche sigue avanzando y Bruce vuelve a rugir, desde una oscuridad sin fisuras, que conduciría toda la noche otra vez sólo para comprar ese maldito par de zapatos tejidos ya con los hilos de la locura.

A partir de aquí la canción se despeña por entre las rocas de un acantilado. El delirio avanza, aunque hay fuego en los arrabales de la ciudad ya no pueden hacernos daño porque, chica, tú tienes mi amor. Un amor sostenido en el fondo mismo de mi deseo, anclado en mi alma y en mi corazón, un amor que avanza a través del viento, de la lluvia y de la nieve. Algunos optimistas piensan que aquí hay un indicio de redención. Una posibilidad de recuperar el amor perdido. Yo no lo creo. Ese amor sigue despeñándose por el precipicio y acabará sepultándose en el mar. Porque es un amor unilateral. Ella no está. Ella no llora. Ella no teme, no va a ser dañada. Todo es proyección del dolor. No llores, le grita (se grita) una y otra vez desde un oscuro abismo y casi podemos ver la cara de nuestro antihéroe anegada en lágrimas de desesperación. Mientras, el coche sigue avanzando, a través de la lluvia, a través del viento, a través de la nieve, avanza hacia ninguna parte, avanza privado de sentido y propósito, enfangándose cada vez más, deshaciéndose entre los guijarros afilados de un camino que no tiene vuelta atrás.
bruce
La música nos hace entrar en trance. Los pulsos del Garry, atacados por los golpes tenues de Max y envueltos por las gotas de textura casi metálica de Bruce (que toca el piano) nos colocan en unas esferas del sentir que aún no han sido descritas con palabras. El órgano (de Roy en este caso) hilvana un tenue manto en el que se agazapa el olvido. El saxo de Clarence anuda cada una de las angustias a un poste solitario de desesperanza. Y la interpretación de Bruce estremece. Pocas veces hay una tan profunda conjunción entre lo que la canción dice y el modo en que Bruce lo dice (de eso va el arte después de todo, en adecuar forma y fondo). Bruce nos canta desde un oscuro infierno que es imposible nombrar. Cada palabra habita una caverna henchida de dolor, cada grito alimenta una nueva veta de desamparo. El resultado es una canción casi perfecta que nos sobrecoge. Una canción que nos hiela la sangre y nos desintegra el corazón.

Madness in the Darkness

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darknessPor Luisen López Bascuas.
Darkness y Born to Run son discos íntimamente conectados, son discos complementarios. Debemos escuchar los dos si queremos comprender el mensaje con toda su profundidad. Si en Born to Run, los protagonistas suben a sus coches para perseguir sus deseos, Bruce ha dicho que Darkness on the Edge of Town representa al hombre que frena el coche, da media vuelta y regresa a la ciudad para descubrir quién es y a quién pertenece. La música del álbum es contenida y densa; cada nota parece transmitir una cantidad ingente de información. Pero la contención musical no resta agresividad y contundencia al sonido. Escribe Ignacio Julia “las guitarras chirrían y aúllan, la sección rítmica retumba y golpea, la voz es un grito desesperado (…) Las canciones se arrastran con dolor o estallan en airados ataques de brutal intensidad”. Así es Darkness, y su metáfora, poderosa. La oscuridad y el borde de la ciudad, una zona ya borrosa e inhóspita, difuminada aún más por un manto oscuro. Pero bien sabemos que no pocas veces son esos lugares los que nos descubren las cosas que buscamos. En realidad, es difícil encontrar respuestas valiosas sin internarse antes en un camino oscuro (que se lo pregunten a Dante, por ejemplo). Powell señala muy bien uno de los posibles sentidos de esta oscuridad de la que está inundada Darkness: “(…) es como un espejo, donde cada uno se ve tal y como es, despojados de los velos de la ilusión y la fantasía”.

La canción arranca con una divergencia: el protagonista tenía una chica, una chica a la que nunca le ardió la sangre en las venas; esa chica ahora tiene una casa en Fairview y un estilo que mantener; sin embargo, si ella quiere verle, él apunta a un lugar bien distinto del que ella habita: bajo el puente Abram, en la oscuridad al borde de la ciudad. En la siguiente estrofa se lanza una andanada que se dirige justo a la línea de flotación de cualquier vida: todo el mundo tiene un secreto, algo a lo que no puedes enfrentarte, algunas personas gastan su vida ocultándolo y, sin embargo, lo llevan encima en cada paso que dan. Así es. ¿Dónde suele venir a situarse aquello de lo que más huimos? Justo a nuestro lado. Pero en realidad, no es tan mala noticia. Al menos pone de manifiesto, palmariamente, la futilidad de la huida. Y las paradojas (tan iluminadoras) siguen adelante en la canción; cuanto peor, mejor. Pero tiene sentido, tanto menos tenemos, tanto menos tememos. Y así nos canta Bruce: “I lost my money and I lost my wife, them things don´t seem to matter much to me now”. Y sigue adelante, sigue hacia donde tiene que ir porque una vez que se da el primer paso ya es difícil volver atrás: “Tonight, I´ll be on that hill ´cause I can´t stop”; y el compromiso es absoluto, radical: “I´ll be on that hill with everything I got”; y ya sabemos que el lugar comporta riesgos: “lives on the line where dreams are found and lost”; pero ahora la decision está tomada y estamos dispuestos a pagar el precio (otra vez): “I´ll be there on time and I´ll pay the cost”; y un brillante final vuelve a explicarnos por qué tenemos que pagar: “for wanting things that can only be found in the darkness on the edge of town”. El precio que se paga es lo que cuesta atreverse a ser quien se es. Y aquí arranca una guitarra estremecedora, una guitarra que subraya todas y cada una de las palabras anteriores, todas y cada una de las ideas anteriores, todos y cada uno de los compromisos anteriores.

Una canción prodigiosa para un disco prodigioso. Darkness es todo atmósfera, las ideas te envuelven capa tras capa de música. Al final comprendemos no por análisis sino por ósmosis.

Inside The Darkness Box

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inside2La más destacada de las increíbles escenas del nuevo documental “The Promise: The Making of Darkness On The Edge of Town” muestra a un Springsteen enfadado, en 1977, regañando a toda la banda y al equipo de producción en el estudio: “Callaos todos de una puta vez”, grita. “¡Estoy harto de esta jodida discusión!”
“Las secuencias filmadas son tan auténticas… se olvidaron de las cámaras”, dice el director de la película, Thom Zimny. “No hay narración, hay momentos que el cámara se aparta del camino de la banda. Lo mejor de todo es poder ver la relación de trabajo entre Bruce, la banda y Jon Landau.”

El archivo de secuencias filmadas —que fueron realizadas por el cámara Barry Reebo— descansaba en un baúl que no había sido visto prácticamente por nadie durante décadas. Es una mirada poco habitual dentro de la grabación de un álbum clave de un gran artista. “En él ves un esbozo muy muy temprano de ‘The Promised Land’, dice Zimny, explicando el especial atractivo para los fans de Springsteen. “También les ves trabajando en versiones de ‘The Promise’. Otras escenas muestran a Springsteen en su casa de Nueva Jersey, sin camisa, dirigiendo a la E Street Band, y a los exhaustos miembros de la banda haciendo apuestas sobre cuánto tiempo va a tenerles Bruce grabando ese día. “Una indicación que me dio muy pronto Bruce fue que no tuviera a mucha gente hablando sobre las filmaciones”, dice Zimny. “Dejamos que las cosas fluyeran. De este modo puedes ver el proceso creativo al completo.”

En la Caja también se incluye un concierto de tres horas filmado el 8 de diciembre de 1978 en el Summit Arena de Houston. “Las escenas filmadas fueron las que se veían en el pabellón del concierto”, dice Jon Landau, productor y mánager de Springsteen desde hace mucho tiempo, y una vez crítico para Rolling Stone. “Es una auténtica grabación pirata en ese sentido. Hubieron bastantes conciertos que consideramos de la gira del Darkness. Algunos tenían buen sonido, pero las imágenes no eran tan buenas. Algunas imágenes eran buenas pero el sonido no estaba a la altura. Considerando las distintas opciones, el concierto de Houston tenía los mejores niveles. El sonido es crudo, pero suena bien. Las imágenes se han mejorado todo lo que permite la tecnología. Es un concierto extraordinariamente poderoso. Tiene un increíble “Streets of Fire” y un gran versión de “Backstreets”.

Más allá de una versión remasterizada del álbum Darkness on the Edge of Town original, la caja incluye 21 temas descartados de esas sesiones. “Springsteen grabó realmente material para cuatro álbumes”, dice Landau. “Cuando la Banda escuchó estos temas, se mostraron muy sorprendidos porque los habían olvidado. Muchas de estas cosas se grabaron en cinco minutos y decidimos rápidamente que no iban a formar parte del disco.” Springsteen volvió recientemente al estudio para completar algunas de las canciones. “En cada una, Bruce hizo lo que consideró necesario para terminar la canción”, explica Landau. “Varía de una a otra canción. La gente no se va a sentar ahí y decir ‘Oh, puedo decir lo que hizo aquí.’ No es así.”

Para rematar el proyecto, Bruce Springsteen y los miembros de la E Street band que participaron en el Darkness (con Charlie Giordiano sustituyendo al desaparecido Danny Federici) interpretaron todo el LP en un vacío Paramount Theater en Asbury Park durante el pasado mes de Diciembre. “Filmamos a la banda tocando el álbum de un tirón varias veces durante la gira del 2009”, dice Landau. “Finalmente decidimos incluir esta presentación más austera (sin audiencia), que refleja mejor la crudeza del álbum original.”

Después de dedicar más de tres años a este proyecto, Landau no está seguro de hacer lo mismo con otros discos. “No tenemos imágenes de estudio como las que aparecen aquí de Barry”, dice. “No las tenemos del The River, y no tenemos nada del Nebraska. No podríamos hacer este tipo de documental. Tendríamos que hacer otro planteamiento. Estoy seguro que lo trataremos, pero ahora es demasiado pronto, ya que este proyecto nos ha representado un gran trabajo. Ya veremos”.

Artículo de Andy Greene, Rolling Stone.
Traducción: Xavier Agut – The Stone Pony

Racing In The Street

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bruce springsteen
Por Luisen López Bascuas.
Para empezar por el principio hay que decir que Racing in the Street es una canción hermosísima. Tanto, que podría decirse que su propia belleza porta el significado de la canción. Si se sustituyesen todas las palabras por sílabas sin sentido, al terminar la canción nuestro corazón tendría la misma sensación que tras hacer un análisis sesudo de su contenido. Tal es la primera grandeza de esta composición extraordinaria. Composición que no puede tomarse como un fruto del azar. El proverbial perfeccionismo springsteeneano tuvo terreno abonado en este tema y se cuenta que la versión cuadragésima sexta que interpretó la banda fue la que finalmente pudo satisfacer los exigentes oídos de Bruce.

Y, sin embargo, la idea de fondo que da vida a la canción es tan simple que resulta casi imposible de entender. Su simpleza le da su enorme belleza y su insondable profundidad. Tal idea podría resumirse en una frase aparentemente tautológica: el mejor modo de acabar haciendo algo es empezar a hacerlo.

Parece carecer de contenido pero, por el contrario, está preñada de ellos. Nos recuerda que, en este mundo que nos ha tocado vivir, la muerte pasa por no-hacer y que hacer siempre produce cambios que bien pudieran acabar, justamente, en nuestro destino. Nos recuerda, de hecho, al cuento de las dos ranitas que cayeron en un bidón de nata. El viscoso líquido no les permitía avanzar e irremisiblemente se hundían poco a poco. Al principio las dos agitaban sus patas con furia tratando de salir, sólo para comprobar que no avanzaban un ápice, que sólo conseguían hundirse un poco más despacio. Al constatar este hecho una de las ranas se rindió. Era absurdo, pensaba, retrasar una muerte cierta. Así que dejó de patalear y al poco murió ahogada. La otra rana, por el mero hecho de no morir hasta el momento justo en que le llegara su hora, siguió pataleando haciendo más lento su camino al fondo del bidón. No tenía esperanza alguna de salvarse, sólo no quería morir ni un instante antes de lo necesario y por eso, aunque estaba agotada, seguía moviendo sus patas con furia. Con tanta fuerza agitó sus patas que la nata cuajó convirtiéndose en una especie de mantequilla semisólida en la que consiguió apoyarse lo suficiente como para llegar al borde del bidón y salvar su vida.
La canción insiste, por tanto, en esa vieja idea de que de la nada, nada sale y que, por tanto, no hay nada que crear y todo que construir. Los ladrillos y la argamasa los llevamos adheridos a los dedos y a las entrañas. Coraje es lo que se requiere para colocar los cimientos y tenacidad lo que se precisa para seguir adelante. Tal es el tema de la canción, veamos ahora cómo discurre la trama.

En su primera parte, la canción distingue dos (¿quizá tres?) grandes grupos de personas: los que se dejan morir (simplemente por renunciar a vivir) y los que deciden vivir (simplemente porque renuncian a morir). Ya este arranque tan hirientemente esquemático nos hace temblar. Aquí no se muere por caer ante enormes fuerzas del mal (aunque sean éstas las que consolidan la inercia que nos arrastra), ni se vive en aras de hacer verdad ciertos transcendentes ideales. No; en el mundo de Darkness se muere por abandono, por olvido, por ausencia y se vive poco menos que por casualidad; quizá por un encuentro, por un recuerdo o por una presencia. Pero la casualidad conduce a la causalidad y este es el mensaje de fondo que se esconde tras cada lamento.

Mejor que empezar a morir poco a poco, trozo a trozo, despedazado por esas fuerzas oscuras que no puedo ver, mejor que no defenderse y morir es disparar, aunque sea al azar y sin saber de dónde viene el peligro, disparar y ver qué resulta. Lo que resulta es un coche. Y si lo que tengo es un coche debe ser que he nacido para correr. En un mundo donde todas las cartas parecen marcadas, al menos el coche le he hecho yo mismo, desde cero, con la ayuda de mi socio, Sony. Y en mi coche pongo todo mi sentir. No es casualidad que el protagonista describa su coche con el mismo cuidado y ternura con los que una madre describiría las primeras lindezas de su bebé recién nacido. Después de trabajar sólo queda correr por las calles, las que sean, las interestatales, las estatales o las secundarias. El dolor puede transitar por todos los niveles del sentir. Aunque estas carreras se presentan, en primera instancia, como un espacio de libertad (es la vida opuesta a la del trabajo alienante), Bruce nos avisa enseguida de lo falaz que es ese pensamiento: él y Sony corren por dinero. Esto les delata. Sería romántico correr por correr, o por sentir el viento en la cara, o por desanudar el miedo tras cada curva, o por arrojar la angustia por la ventana, o incluso por ganar. Pero correr por dinero es un tanto mezquino. Es esta, a mi juicio, una genial llamada de atención que ilumina el sentido último de la canción. Los pobres no pueden tener moral: sobrevivir es la regla. O dicho de otra manera que, aunque parezca lo contrario viene a decir lo mismo, los pobres no pueden tener espiritualidad, sólo religión (como nos recuerdan otros comentaristas de esta misma canción). Para empezar por lo menos dramático, el correr por dinero no es más que el producto natural de lo que la sociedad ha hecho de ellos (si cortas una pierna a tus súbditos seguramente tendrás ciudades llenas de cojos); pero, aún más inquietante, el correr por dinero pone de manifiesto la necesidad de encontrar un sentido (espurio) a algo que carece intrínsecamente de sentido. Lo que nuestro protagonista clama a voces al decir que corre por dinero es que la vida de las carreras es tan absurda como la vida del trabajo. Sólo la diferencia una cierta ilusión de pensar que esa segunda vida absurda la ha elegido uno mismo. Pero, curiosamente, justo en esta ausencia de sentido construido, encuentran nuestros chicos la posibilidad de no morir.

También hay una chica por las carreteras y también tuvo que disparar en la oscuridad para intentar salvar su vida. De nuevo el mundo imponiendo sus cánones: si soy así de mona (así de desgraciada) debe ser que debo ir con un tipo guapo (con cualquier tipo) en un buen coche (en cualquier coche). Así que la chica mona (desgraciada) comenzó a recorrer carreteras al lado de un desconocido. Quién sabe las historias de desencuentro, los momentos vacíos que habrá tenido que sufrir nuestra chica con ese tipo de Los Angeles. Y, entonces, en alguna carretera insignificante, los dos disparos que se hicieron al azar se cruzan y del azar se hace necesidad, consumándose así, el primer milagro de esta canción. Es milagro porque un hacer absurdo (hacer carreras en la calle, montarse en el coche del primer tipo que promete salvación) les coloca en un punto donde pueden encontrarse. Así que nuestros chicos se encuentran y toman sus decisiones. Una vez más, añadiendo más dramatismo a la canción, son decisiones un tanto ciegas; quizá un segundo disparo en la oscuridad, aunque ahora es un disparo compartido: ella decide dejar al tipo de L.A. por el rebelde y el chico duro decide enamorarse…o algo parecido.

Que la decisión es ciega lo pone de manifiesto lo que ocurre en los tres años siguientes: él sigue haciendo carreras como un autómata y ella derrama lágrimas en la noche por entre las arrugas de sus ojos, los ojos de alguien que odia haber nacido, los ojos que ya solo pueden alcanzar a ver sus sueños hechos pedazos. El momento más sobrecogedor de esta segunda parte de la canción se nos cuenta inmediatamente después que sabemos que la chica se duerme cada noche entre lágrimas: él llega de sus absurdas carreras a una casa oscura (ella se ha intentado dormir sola, llorando), él se acerca a la cama y ella, entre suspiros le pregunta, “mi niño, ¿te ha ido bien hoy?”. Y en esta frase están las dos cosas: el sentido y el sinsentido, la pérdida y la esperanza. El sinsentido se adivina en la casa oscura, en las lágrimas de ella, en su vuelta de las carreras (que no es explícita en la canción), en los sueños rotos que él ha de apartar con sus botas hasta llegar a la cama. La esperanza está en las palabras de ella -tan dulces y generosas- y en la decisión que él toma al ver los ojos de su chica en la oscuridad.

Un amor que no existía ha obrado el segundo milagro de esta canción. Ni él encontró sentido en el amor de ella (después de todo seguía corriendo) ni ella encontró sentido en el amor de él (después de todo tras cada día vacío se sienta en el porche para contemplar una noche que le recuerda que no debió ver amanecer) y, sin embargo, el anhelo de ese amor aún no cumplido permite que ambos apunten sus armas, por primera vez, no al azar ya, en la dirección correcta. En efecto, es el deterioro de un amor que nunca fue el que se convierte en indicador de lo que debería ser. No debería dejarle correr así, piensa ella, no debería dejarle llorar así, piensa él. Al final acaba siendo… verdad, lo que comenzó simplemente… siendo.
Y así se entra en la tercera parte de esta canción mágica, la parte más emotiva de la misma donde los protagonistas despiertan y deciden renacer. Van a ir (¿conduciendo?) juntos hasta el mar y allí van deshacerse de esos pecados que han manchado todo lo que han tocado hasta ese momento. Impacta sobremanera que los pecados estén en sus manos y no en sus corazones. Su corazón les pertenece, sus manos eran manos esclavas. Ahora han descubierto que las heridas abiertas (¿qué otra cosa es el pecado?) han de ser cicatrizadas (¿qué otra cosa es el bautismo?) con la sal del mar. Porque se requiere todo un océano para salvar a dos almas extraviadas.

No debemos pasar con rapidez sobre esta escena tan llena de emoción. Ese camino hasta el mar; esa rabia lavándose los pecados en una playa oscura, ese amor recién encontrado tras tres años de titubeos…todo ese renacer, tiene efectos inmediatos. El primero, se deshacen de las fuerzas oscuras que controlaban sus vidas (señor, más vale que se aparte de nuestro camino); el segundo, esta vez se van a hacer carreras juntos, con un amor renovado que les da fuerza y sentido y, tercero, las carreras adquieren un nuevo significado, ya no les alejan de donde no quieren estar, ahora les precipitan hacia donde quieren ir.

bruce springsteen

Y cuando las palabras agotan sus posibilidades, la música toma el relevo. El final de la canción es prodigioso. El piano de Roy y el órgano de Danny trenzan los hilos musicales de la compasión y la esperanza. También de la resistencia. Esa compasión y esa resistencia han permitido la consecución de dos milagros consecutivos. E incluso, un tercero, más grande que los otros dos. El mayor milagro que sucede en la canción (y que engloba a los dos que hemos relatado) es el que permite a los protagonistas salvar sus almas a pesar de que cometan DOS veces el mismo error. Quizá no hay tal error, tan sólo se premia la voluntad de resistir mediante un hacer aunque este hacer sea ciego. Las notas de Roy y Danny se encadenan a los desheredados, a los que han sido engañados y desposeídos, a los que siguen aún andando a ciegas en busca de su posibilidad de redención. Esa música va ascendiendo, pero sobre su propio terreno y, paulatinamente, va asomando esa compasión liberadora, poco a poco va apareciendo un destello de esperanza. Los teclados dibujan un pasaje lleno de calor y ternura que acoge las vidas de esos desterrados sin culpa. Y la canción parece no acabar nunca, como si quisiera hacer tradición de la mera repetición aunque lo que se repita no tenga sentido transcendente alguno. Es como si Bruce quisiese ilustrar con la música lo que ha venido desgranando en la canción a través de las palabras. Cuando la canción se disipa entre las últimas notas, sólo vemos a lo lejos las luces rojas del coche de nuestros héroes que se alejan de las aguas del bautismo y levantan ya el polvo de su discurrir por la tierra (prometida).

The Wrestler

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Por Luisen López Bascuas
Debería existir un mito acerca de un antihéroe que se mata a sí mismo para poder seguir viviendo. Que se mata poco a poco para vivir un poco más. Alguien que se alimenta de su propia carne, alguien que ha de beberse su sangre y dormirse en sus sueños para seguir viviendo una vida que le aniquila. Alguien que, cuando le atrapan de una pierna para que no escape, sólo encuentra un modo de recuperar una ilusión de libertad: arrancarse esa pierna (If you’ve ever seen a one legged dog… have you ever seen a one legged man tryin’ to dance his way free… then you’ve seen me). Tal es el personaje protagonista de la canción The Wrestler, canción con la que nos lleva Bruce a un mundo de perdedores y olvidados habitado por seres que han hecho de la pérdida y el olvido su hogar.
boss55
Venimos al mundo y, en la mayoría de los casos, el mundo nos golpea sin misericordia. Y entonces comienza la lucha. Una lucha desigual, injusta. Una lucha en la que sólo nos dejan un brazo, lo que constituye el extremo de la iniquidad: si tuviésemos los dos, la lucha sería equilibrada, si nos hubiesen arrancado ambos, nadie nos obligaría a luchar. Pero no; nos dejan uno para poder asegurarse, al mismo tiempo, la diversión y la victoria. Nos dejan luchando contra una brisa amarga y solitaria porque ellos jamás pensaron en exponerse (have you ever seen a one armed man punchin’ at nothing but the breeze). Ellos ni siquiera saben que existimos o, en el mejor de los casos, nos conciben como materia biológica desprovista de conciencia y emoción, materia que se puede utilizar en provecho propio, con la misma displicencia con la que el carpintero usa la madera o el ceramista utiliza el barro. O peor aún, con la misma indiferencia con la que el carpintero o el ceramista pisan el suelo mientras cuidan entre sus manos el material que da forma a sus ideas.

The Wrestler no adopta la perspectiva de ellos, sino la nuestra y somos nosotros los que contamos el acontecer cotidiano de nuestra vida en un mundo que hace de nosotros seres alienados, seres enajenados, seres débiles y confundidos. Intentamos luchar, buscar caminos, llamamos con humildad y fe a cada puerta que ofrece una esperanza pero, invariablemente, nos saquean y tenemos que abandonar el lugar con menos de lo que habíamos traído (I come and stand at every door; I always leave with less than I had before). El drama consiste en que llega un momento en que no nos queda nada más que nuestro propio ser y, entonces, tras cada nuevo intento, nos vamos con un poco menos de nosotros mismos. Un poco menos de alegría, un poco menos de fe, un poco menos de orgullo, un poco menos de esperanza, un poco menos de amor…un poco menos de todas y cada una de las cosas que configuran nuestro yo. Pero necesitamos desesperadamente a los demás y la tragedia sigue adelante: el precio de la conexión es la autodestrucción; lo que nos permitiría vivir es lo que entregamos para no morir. Al menos podemos hacerles sonreír cuando nuestra sangre golpea el suelo (but I can make you smile when the blood it hits the floor). El vínculo que nos arranca de la soledad es un vínculo transido por el dolor y la más abyecta de las humillaciones.

Así va conformándose nuestro hogar y nuestra identidad. Nuestra identidad se funda en el dolor que nos provocan, se manifiesta a través de nuestras heridas y se consolida con cada nueva denigración. Y con estos ladrillos vamos construyendo un hogar inhabitable; es hogar porque resulta ser el único lugar que reconocemos y, por tanto, el único espacio en el que sentimos una cierta seguridad (fingida); es inhabitable porque ese espacio acabará por destruirnos; no podría ser de otro modo ya que nuestro pretendido hogar define el conjunto de lugares donde hemos sido vencidos. Por eso, para nuestro terror, hemos de huir de las cosas que nos tranquilizan (these things that have comforted me I drive away); por eso, aunque un temblor nos recorra de arriba hasta abajo, descubrimos que no podemos habitar nuestra propia casa (this place that is my home I cannot stay). Por eso, apenas podemos creer en lo que nos hemos convertido: espantapájaros enfangados entre el polvo y las malas hierbas (have you ever seen a scarecrow filled with nothing but dust and weeds; If you’ve ever seen that scarecrow then you’ve seen me). La metáfora es, ciertamente, poderosa. Apela a vidas deshumanizadas, vidas que sirven a propósitos ajenos, vidas que no dejan espacio para el amor propio que conduce al cuidado necesario para poder crecer. Sin ese amor, sin ese cuidado, el polvo nos recubre por fuera y las malas hierbas nos asfixian desde el interior.

Como señala el propio Bruce, es muy peligroso encontrar tu identidad en el dolor que te han infligido, es muy peligroso reconocerte, precisamente, en tus heridas, es muy peligroso hacer que los lugares de derrota sean tu residencia natural. Todo esto, aunque puede parecer obvio, no resulta nada fácil de entender. De hecho, sorprende el grado de elaboración conceptual que pone Bruce en esta canción, la sabiduría (quizá intuitiva) que transpiran cada uno de sus versos. Y, al mismo tiempo, conmueve su capacidad para empatizar con seres tan desolados, su capacidad para abominar de situaciones tan sangrantes. Y aquí aparece, una vez más, la magia del Rock & Roll, porque la elaboración conceptual se destila en un puñado exiguo de palabras, puestas, eso sí, en el orden apropiado; la emoción se nos precipita cabalgando sobre una música casi desnuda pero que de algún modo entronca con los sonidos ancestrales de la desesperanza y el dolor. Sin apenas reparar en ello, al final de la canción se siente que toda una galería de personajes desahuciados nos ha atravesado el alma. Allí están las mujeres maltratadas que sólo encuentran afecto en cada golpe que reciben; pasan también los trabajadores deshonrados por un sistema inicuo que solo los alimenta para poder matarlos de alienación; por ahí aparecen los niños sometidos a las tiranías ignominiosas de padres que nunca debieron serlo, o los colegiales que acabarán descubriendo que se aprende más de un disco de tres minutos que de una escuela ignorante y censora. Por la canción desfilan todos los que por una mirada se arrancan los ojos, por una caricia, las manos, por un instante de afecto, el corazón.

Sin embargo, la canción no se entretiene en la descripción de estas monstruosas situaciones. No, no es una canción política (aunque las implicaciones políticas son poco menos que evidentes); no es una crítica social (aunque entre líneas se adivina una amarga censura al mundo que hemos construido). Lo que acaba transmitiendo la canción en primer plano es el estado psicológico de sus protagonistas, su sentir íntimo, su abandono paulatino, su entrega absurda, su mirada implorante y asustada que contempla un mundo construido por ellos mismos pero sobre las imposiciones de otros muchos. Lo que interesa de la mujer maltratada no es el hecho violento del marido, es la actitud amante de la mujer; lo que interesa del trabajador no es su condición de explotado, sino la conciencia de honradez que desarrolla para quien le aliena y le somete; lo que interesa de esos niños no es la injusticia que padecen, sino esa búsqueda de afecto y reconocimiento que siguen demandando (y ofreciendo) a aquellos que los humillan. Y así, nos vamos construyendo una identidad donde los últimos rastros de fe que nos quedan descansan sobre nuestros propios huesos rotos y nuestras heridas (my only faith is in the broken bones and bruises I display). Somos nuestro dolor. Así que, si nos lo quitan, no somos nadie. ¿Cabe una perversión mayor?

No habría que olvidar, no obstante, que la canción trata de un luchador. Por tanto, se trata de intentar seguir viviendo una vez que te han hecho daño. Parece que el protagonista de la canción no tiene esta capacidad…ya. El mensaje positivo (que no aparece en toda la canción, dicho sea de paso) es que es preciso ser un luchador; la enseñanza, que hay que aprender a luchar de la manera apropiada. Nuestra identidad no pueden ser nuestras heridas sino la superación del dolor que provocan; nuestro hogar no puede ser el espacio que nos destruye. Al contrario, hemos de destruir los espacios de derrota para construir nuestro verdadero lugar en el mundo.
boss
Debería existir un mito acerca de un antihéroe que se mata a sí mismo para seguir viviendo. Sabemos de Erisictón, el hijo del rey de Tesalia, el hombre que taló una encina de un bosque consagrado a Ceres; las Dríades contaron el suceso a la diosa, quien enfurecida, profirió una terrible condena para Erisictón: “que no te satisfaga ni siquiera la abundancia”. Después de vender a su hija innumerables veces para satisfacer su Hambre insaciable, un día, desesperado, destrozó su cuerpo y se devoró a sí mismo. Bueno, se parece al mito que queremos, pero no es exactamente lo que queremos, los sentimientos representados no son equivalentes a los de nuestra historia. Pero, ¿por qué hemos de seguir buscando en las páginas de Ovidio o en las alturas del Olimpo? El mito ya está creado. Es un luchador que habita en una escalofriante (y hermosísima) canción compuesta por Bruce Springsteen.

El Diario de Bruce en la SuperBowl

Por xavi el . Archivado en Articulos

bruceQueridos Amigos & Fans, un pequeño vistazo desde la pista central:

Seis Thunderbirds de la Sexta Fuerza Aérea acaban de rugir por encima de nosotros a lo que nos parecieron centímetros por encima de nuestra zona del backstage, dándonos a mí mismo y a toda la E Street Band en pleno un corte de pelo “a lo cepillo”. A falta de 20 minutos, estoy sentado en mi trailer intentando decidir qué botas llevar. Tengo un bonito par de botas de cowboy en las que mis pies se sienten realmente bien, pero me preocupa su estabilidad. Hace dos días ensayamos bajo un diluvio en el campo, y el escenario se volvió más resbaladizo que un estanque de hielo. Era casi imposible mantenerse en pie. Estaba tan resbaladizo que me estrellé contra Mike Colucci, nuestro cámara, en el momento que me lancé de rodillas, sindo su cámara lo único que evitó que saliera despedido hacia el césped empapado. Cuando Jerry, el árbitro en “Glory Days” hizo su aparición, llegó corriendo, no pudo detenerse y realizó uno de los más dolorosamente perfectas caídas “hombre se resbala con una cáscara de plátano” que he visto nunca. Esto nos llevó a Steve, a mí mismo y a toda la banda en pleno a una de las más grandes risas inducidas por el stress de toda nuestras vidas, que duró todo el camino de vuelta hasta nuestros trailers. Un poco de Advil y Jerry se recuperó).
Mejor voy con las botas de batalla que llevo siempre. La punta redondeada me da más poder de frenada que las botas de cowboy de punta afilada cuando me voy al suelo. Aderezo mis botas con dos plantillas para hacerlas lo más ajustadas posible, las abrocho muy ajustadas alrededor de mis tobillos, pego pisotones por mi trailer y me siento bastante en tierra. Quince minutos…oh, por supuesto estoy algo nervioso. No es el habitual canguelo pre-show, ni las “mariposas”, no es la ansiedad y anticipación de un fallo de guardarropa, estoy hablando de “cinco minutos para el desembarco en la playa”, “Lo correcto”, “Señor, no me dejes cagarla delante de 100 millones de personas” una de las mayores audiencias desde que los dinosaurios instauraron un semi-terror en la tierra. Solo dura un minuto…compruebo mi ppelo, lo rocío con algo que lo convierte en cemento y salgo por la puerta.
Capto una imagen de Patti sonriendo. Ella ha sido mi roca toda la semana. Pongo mi brazo alrededor de ella y salimos fuera. Nos llevan con un cochecito de golf hacia un túnel de espera justo fuera del campo. El problema es que hay mil persona allí, cámaras de tv, periodistas de todo tipo y caos general. De pronto
centenares de personas corren junto a nosotros gritando, animando…nuestros fans! Y esta noche son también nuestros constructores de escenario. Éstos son “los voluntarios”. Han estado ahí durante dos semanas por su cuenta en un campo día tras día, montando juntos y separando trozos de nuestro escenario una y otra vez, teóricamente consiguiendo una precisión militares. Ahora va en serio. Espero que lo consigan, porque, mientras somos escoltados hasta el campo, con las luces del estadio completamente encendidas, el alarido fantasmal de 70000 fanáticos del football chillando elevándose hasta nuestros oídos, no hay nada allí. Nada, ni el equipo de sonido, ni las luces, ni los instrumentos, ni el escenario, nada más que la poco hospitalaria verde hierba iluminada y brillante. De pronto un ejército de hormigas sale desde todos los lados y parece que de de ninguna parte. Cada uno desplegando un trozo de nuestra línea vital, nuestra tierra en el campo. Ha llegado la caballería. Lo que nos lleva 8 horas en un día de concierto está hecho en cinco minutos. Increíble. Todo nuestro mundo está ahí…esperemos. Nos reunimos a unos pocos pasos del escenario, formamos un círculo de manos, digo unas pocas palabras ahogadas por el público y todo son sonrisas alrededor. He estado en un montón de situaciones límite como ésta, aunque no exactamente como ésta, anteriormente con esta misma compañía. Es estresante, pero nuestra banda está acostumbrada….y está a punto de empezar…con lo que los felices guerreros nos dirigimos a lo alto del escenario.
El responsable de escenario de la NFL me da la señal de tres minutos…dos minutos..uno..hay un tipo saltando arriba y abajo por las secciones del escenario para asentarlas bien planas en el campo de hierba…30 segundos…aún están probando los altavoces y el equipo…eso es apurar! Las luces del estadio se apagan. El público erupciona y la batería de Max inicia “10th Avenue”. Siento una silueta en luz blanca de Clarence y mía durante un momento. Escucho el piano de Roy. Doy una palmada a la mano de “C”. Estoy moviéndome lanzando mi guitarra en una parábola para que Kevin, mi técnico en guitarras la coja y es “señoras y caballeros, durante los próximos 12 minutos traeremos la honrada y poderosa potencia de la E Street Band a vuestra bonita casa. Por lo que: retiráos de la salsa de guacamole. Bajad los palitos de pollo! Y poned la TV a tope!” Porque, por supuesto, sólo hay UNA cosa que debo saber: “HAY ALGUIEN VIVO AHÍ FUERA?”
Todo lo que sé es que si estuvieras ahí de pie junto a mí, lo estarías. Me siento como si acabara de meterme una jeringuilla de adrenalina directa en el corazón. Antes de que saliéramos, tenía dos preocupaciones importantes. Una, algo podría salir mal más allá de mi control. Esa desapareció completamente antes de subir al escenario. Esta noche, nuestro destino está en las manos de muchos, luego no tiene sentido preocuparse inútilmente. Y dos, estaba preocupado porque me pudiera esncontrar “fuera” de mí mismo y no en la situación. Mi viejo amigo Peter Wolf dijo una vez ‘lo más extraño que puedes hacer en el escenario es pensar en qué estás haciendo’. Esto es cierto. Observarse a uno mismo desde fuera mientras peleas por dar vida a ese momento es una experiencia desagradable. Me ha pasado más de una vez. Es un problema existencial. Desafortunadamente, justo mi especialidad. Eso no significa que va a ser un mal show. Puede ser uno grande. Simplemente significa que pudiera costarme un tiempo, algo de lo que no tenemos mucho esta noche. Cuando eso ocurre, hago lo que sea para romperlo. Romper el set list, cambiar de canción prevista, cometer un fallo, cualquier cosa para “ENTRAR”. Para eso es para lo que te pagan, PARA ESTAR AQUÍ AHORA! La energía, el potencial y el volumen de tu nivel de presencia es una promesa básica del rock and roll. Es el elemento esencial que mantiene la atención de tu público, lo que da fuerza, forma y autoridad a los acontecimientos de la noche. Y de la forma que llegues ahí en una noche determinada, ese es el camino que tomas. “HAY ALGUIEN VIVO AQUI DENTRO?”… Mejor que lo haya.
Estoy en lo alto del piano (buenas y viejas botas). Estoy abajo. Uno..dos…tres, de rodillas delante del micro y me doblo hacia atrás casi plano en el escenario. Cierro lo sojos por un momento y cuando los abro, no veo otra cosa que el cielo azul nocturno. Ni la banda, ni el público, ni el estadio. Escucho y siento todo eso como un gran estruendo de sirenas rodeándome, pero con mi espalda casi apoyada contra el escenario no veo nada más que el precioso cielo nocturno con el halo de mil soles del estadio en sus bordes. Tomo unas cuantas bocanadas de aire y la calma me envuelve. Me siento a mí mismo profunda y felizmente “DENTRO”.
Desde los comienzos de nuestra banda era nuestra ambición tocar para toda la gente. Hemos conseguido un montón, pero no hemos llegado a eso. Nuestro público sigue siendo tribal..o sea predominantemente blanco. En ocasiones , el Concierto Inaugural, durante una campaña política, de gira por África en el ‘88, particularmente en Cleveland con el Presidente Obama, miré hacia fuera y canté “Promised Land” al público al que estaba dirigido, gente joven, mayor, negros, blancos, morenos, atravesando las fronteras religiosas y de clase. A ellos es a los que estoy cantando hoy. Hoy tocamos para toda la gente. Me izo con el soporte de micro de vuelta al mundo, este mundo, mi mundo, el que contiene a todos dentro y el estadio, el público, mi banda, mis mejores amigos, mi mujer aparecen rápidamente a la vista y es “teardrops on the city..”
Durante “Tenth Avenue” cuento la historia de mi banda…y otras cosas “when the changes made uptown” (cuando los cambios llegaron a lo alto de la ciudad)…va la carrera y después el resbalón de rodillas. Demasiada adrenalina, una caída demasiado tarde, demasiada velocidad, aquí llego Mike, BOOM! Y golpeo con su cámara, la lente implantada en mi pecho con una pierna fuera del escenario. Utilizo su cámara para izarme de nuevo arriba y…lo digo, lo digo, lo digo, lo digo…BLAM! BORN TO RUN…mi historia…Algo luminoso y caliente explota detrás mío. Escucho que había fuegos artificiales. No llegué a ver ninguno. Sólo los que salían dentro de mi cabeza. Estoy sin aliento. Intento recuperarlo. Eso no va a pasar. Ya escucho al público cantar las últimas ocho líneas de “Born to Run” oh, oh, oh, oh…después directo hacia “Working on a Dream”…vuestra historia…y la mía espero. Steve está a mi derecha, Patti a mi izquierda. Capto una sonrisa y el maravilloso coro, The Joyce Garrett Singers, que me apoyaron en Washington durante el concierto Inaugural está detrás nuestro. Me giro para ver sus caras y escuchar el sonido de sus voces…”trabajando en un sueño”. Hecho. Momentos después, estamos rompiendo directos hacia “Glory Days”…el final del relato. Una fiesta final empapada en alegre fatalismo y algunas risas con mi viejo compadre, Steve. Jerry el árbitro no se cae de culo esta noche. Simplemente lanza el pañuelo amarillo de penalización por los 40 segundos preciosos que nos hemos ido a la prórroga…último tramo. Todos estamos ahora al frente formando esa gran línea. Con el rabillo del ojo, capto a la sección de viento alzando sus instrumentos en lo alto, mi guitarra está girando alrededor de mi cuello y en la séptima vuelta (musical), I’m going to Disneyland (me voy a Disneyland). Yo estoy ya ena lgún lugar mucho más lejos y más divertido que eso. Miro a mi alrededor, estamos vivos, se ha terminado, juntamos los brazos y hacemos una reverencia mientras el escenario se abre debajo de nuestros pies. De nuevo es el caos todo el camino de vuelta al trailer. Un brindis…nuestras familias, amigos, Jon, George, Brendan, Barbara con Don Mischer, Ricky Kirshner, Glenn Weiss, Charles Coplin y Dick Ebersol, el gran equipo que lo montó todo y el final de un buen partido de football.

bruce springsteenLa teoría de la relatividad resiste. Sobre el escenario tu alegría está en proporción directa al vacío sobre el que estás bailando. Un evento al que siempre había visto con un poco de recelo y del que era un poco desconfiado terminó teniendo una sorprendente energía emocional y resonancia para mí y para mi banda. Fue un punto culminante, un hito de algún modo y se ha colocado arriba junto con los más grandes shows de nuestra vida laboral. La NFL nos montó una fiesta de aniversario de un gusto que nosotros no hubiéramos montado para nosotros mismos (somos demasiado tiquismiquis) con fuegos artificiales y todo! En la mitad de su partido de football, nos dejaron sacar a martillazos un pequeño trozo de nuestra historia. Adoro tocar mucho tiempo y duro, pero fueron 35 años en 12 minutos…ese era el quid. Empiezas aquí, acabas ahí, eso es. Ese es el tiempo que tienes para dar todo lo que tienes…12 minutos…segundos más o menos. La Super Bowl me va a ayudar a vender unos pocos discos nuevos, eso es lo que quería porque quiero que la gente escuche lo que somos hoy. Posiblemente pondrá unos cuantos nuevos fans en los asientos, y eso está bien. La vida es cara por aquí y quiero ser un buen negocio para mi compañía discográfica y los promotores de mis conciertos. Pero lo que signifoca realmente es que mi banda sigue siendo una de las más poderosas en la comarca y quiero que lo sepáis, queremos mostrároslo…porque podemos.
A las 3 de la mañana estoy de nuevo en el hogar, todos en la casa se han dormido rápido y tapado bien en la cama. Estoy sentado en el porche junto a un fuego contemplando de nuevo ese cielo negro nocturno, con los oídos aún pitando…”Oh, si, está bien”.

Gracias a “Kopi” del Foro del Stone Pony por la traducción al castellano.